lunes, 25 de marzo de 2013

Iba a dormir pero las palabras no me dejan. Siento esa necesidad de que me leas y sobretodo de que opines. Mejor, critícame. No sé si te gusta lo que digo o no. No tengas compasión por mí.
Me ves como el que ve un mimo en cualquier paseo de cualquier ciudad. No parece que estés aquí conmigo compartiendo lo que comparto contigo.

Me estoy entrenando para hacer algo más grande que tengo entre manos, literalmente. Entre dedos. Y tú eres mi entrenador. Así que critícame. Critícame mucho, como si fuera esta noche la última vez.

A veces sé lo que piensas. "Mira éste las cosas que escribe y las cosas que dice"...
Bueno, al menos te genero algún tipo de pensamiento. Al menos consigo hacer que tu cerebro sude durante 5 segundos.
Pero sólo tú me vas a hacer mejorar. Sólo tú vas a conseguir que al leerme te aburras lo menos posible. Aunque si te aburro tampoco pasaría nada. Es más, ojalá llegue a aburrirte tanto como aburren las noticias y, chic@, todo el mundo las ve.

Entonces, ¿qué?¿hay trato?¿vas a decirme lo que piensas?¿o vas a quedarte todo el día mirando con esa cara que tienes ahora mismo? Esa cara de nada.

Vamos a hacer un juego. Hoy para empezar, vas a ponerle título a este post. Que hoy no estoy inspirado, ¿sabes? Aunque no lo escribas (como haces siempre, que nunca me pones ná, sos@) al menos piénsalo. Piénsalo, y cuando tengas un título original para este post lo mandas en un mensaje de texto poniendo POST seguido del nombre al 772556. Así, en términos televisivos, que de eso seguro que entiendes más.

Oye, no te pongas así por las cosas que te digo y el tono, que todo el mundo ha tenido sus comienzos duros. Si no me ayudas no podré ser el Dalí de las palabras, el Robespierre de los blogs, ni el Mozart de la prosa.

Ya acabo. Solo requería un poco de atención tuya y hacerte despabilar y conseguir hacerte saber lo importante que eres para este blog que sin ti no existiría. (La ironía me chorrea por los cuatro 'costaos')
Y ahora sí. Cierro, publico y que sea lo que Dios quiera.
Me voy antes de que me mandes...

miércoles, 20 de marzo de 2013

Te echo de menos

Muchos de nosotros ha compartido momentos de largas conversaciones con algún amigo en un columpio como el de la foto que os traigo hoy.

Esta foto te la dedico a ti, que te fuiste hace mucho y a vosotros también que os fuisteis hace poco. Tú estás lejos y vosotros más cerca pero parece que un muro inquebrantable, una muralla llamada 'kilómetros' en tu caso y 'tiempo' en el vuestro nos separa para no volver a juntarnos nunca más.
Pero no es así. La paciencia es casi un arte y es una cualidad que premia al que ha aguantado hasta la meta, hasta conseguir eso que tanto deseas.

Hoy, con estas pocas palabras que escribo quiero deciros que estaremos juntos pronto. Sea donde sea.

Cuando dejas de tener algo es cuando más lo valoras; así que tened por seguro que nuestra Amistad vale mucho más que antes.

sábado, 16 de marzo de 2013

'Belieber Shore' por Risto Mejide

Me hago eco del último artículo de Risto Mejide. Un señor del que miramos solamente lo que aparece en televisión. Un personaje más del que creemos que es así las 24 horas del día sin pensar en lo que puede haber en realidad en su cerebro.
Os aconsejo sus dos últimos libros de los cuatro que ha publicado: Una novela, uno de ellos y el otro un ¿ensayo? sobre el 'arte' de molestar para ganar dinero (trata sobre publicidad básicamente)
Los dos primeros libros, que también he leído, os los aconsejo también, pero pueden herir la sensibilidad de cualquier persona humana.

Risto escribe cada fin de semana en el elperiodico.com. Yo leo sus artículos y libros. No sé por qué lo hago. Dicen que en las mejores dietas, no siempre comemos lo que más nos gusta.

"Querido Justin. Antes que nada muy buenos días, y benvingut a Barcelona. Qué tal has dormido. ¿Bien? Te escribo estas cariñosas líneas cuando aún no has cantado en el Palau Sant Jordi, y para cuando tú las puedas ignorar, para qué engañarnos, cantar, lo que se dice cantar, tampoco lo habrás hecho. Así que a efectos prácticos, ambos nos encontramos en el mismo momento.

Jo, perdona que no pudiese asistir a tu concierto de anoche. En un principio iba a ir, pero para cuando me di cuenta, ya llegaba 25 años tarde. Qué fuerte tía. Estoy seguro de que me echaste de menos entre el público. Te imagino buscando unas elegantes gafas de sol entre las caras del respetable y cayendo en el más absoluto desconsuelo al no encontrarlas.

Discúlpame. Te lo ruego. Sobre todo porque, pese a tener vigente mi pasaporte español, jamás critico aquello que desconozco, así que encima tendrás que marcharte de mi país sin haber recibido una crítica erótico-festiva por mi parte. Desconsuelo dos.

Que conste que tampoco tengo nada en contra de tu figura. Al revés, me alegro mucho de que existas. Seguramente sea lo único en lo que coincidamos las más de 35 millones de followers que tienes en Twitter y yo.

Primero, porque vendes. Y eso, hoy, en cualquier industria, es un milagro. Da igual si son entradas, cojines o esmalte de uñas con tu nombre (qué cuco). Incluso aunque hayas tenido que cancelar uno de tus dos conciertos en Lisboa por ventas light. Cachis.

Segundo, porque allá donde vas, la lías. Por la inconfundible humedad relativa en el ambiente de esta semana, juraría que llevas días por estas tierras, con lo que imagino que ya te habrá dado tiempo a pelearte con paparazis, desmayarte por nuestras esquinas, vomitar nuestra rica gastronomía, y cancelar por capricho compromisos dejando a tus fans compuestas y sin novio una vez más. Eso me divierte, no dejes de hacerlo, por favor.

Y tercero, porque eres el héroe indiscutible de una nueva generación de adolescentes y el villano de sus padres, seres queridos y educadores. Esos sufridos adultos haciendo cola 15 días antes de tu concierto para que sus hijas pudiesen asistir al colegio y que luego nadie les quite la custodia... Fíjate cómo será el tema que hasta una radio en Albany ha ofrecido una recompensa por acertar el día en que la palmarás, como quien acierta el número de la lotería. En fin. Polarizas, y eso en esta época ya es sinónimo de éxito.

El caso es que aparte de alegrarme, también me preocupas. Bueno, perdón, tú no. Tú en ese sentido me das igual. Las que me preocupan son tus fans. Las beliendres, como yo las llamo: todavía pequeñas, pero tan molestas y rabiosas como un piojo. Y es que ellas sí me quedan cerca. Son hijas y sobrinas de amigos y conocidos que te han convertido en su líder espiritual y que comulgan cada día con eso a lo que tú llamas música.

Vale, todos hemos tenido ídolos de pubertad. Claro que muchos de mi generación empezamos a seguir a un jovencísimo Michael Jackson con el álbum Thriller. Pero para entonces, Michael ya llevaba años y tablas siendo el pequeño de los Jackson Five y Thriller puede que aún hoy siga siendo el mejor disco -y el más vendido- de la historia del pop.

Las que te siguen desde tu salto a la fama en el 2008, no siguen una carrera musical, siguen un reality-show. Ni siquiera un talent-show, porque aún ahí habría algo de talento y un jurado para impartir algo de criterio.

Lo tuyo es Belieber Shore. Un reality las 24 horas que genera la adicción de millones de fans -de fanatismo- que no pueden ni quieren desengancharse. Y como en todo reality, no hay cultura del esfuerzo, sino del pelotazo. Como en todo reality, no importa el trabajo duro y paulatino durante años, sino la fama abrupta y repentina. Como en todo reality, no interesa el prestigio, sino la popularidad. Como en todo reality, no interesa el talento, sino el volumen. Como en todo reality, no importa la calidad de lo que haces, sino la cantidad de veces que das la nota. Y como en todo reality, el producto asociado no está pensado para el largo plazo, sino para el consumo inmediato y perecedero. Créeme, sé de lo que hablo.

Últimamente tus beliendres me dedican palabras de amor sencillas y tiernas, piropos que no hacen más que confirmar lo que están consumiendo en Belieber Shore. Me dicen que cómo me atrevo, que tú has hecho más por la humanidad que muchos otros (sic), y que tú ganas más en un día que lo que yo seré capaz de ganar en toda mi vida.

Igual son gajes de tener criterio, arrugas, o cierta cultura musical.

Oye igual me convencen, y acabo siendo tu fan.

Mira, creo que voy a empezar por seguirte en Twitter.

Como dijo el filósofo, Never Say Never.

por Risto Mejide"

domingo, 10 de marzo de 2013

Dos cosas esenciales

"Si quieres ser feliz por un rato, véngate. Si quieres ser feliz para siempre, perdona"

Esta cita que leí hace unos días me recordó la importancia de dos cosas importantísimas y a las que dejamos en un segundo plano. Dos cosas que son tan esenciales casi como respirar.

Vivimos los días corriendo, sin pensar en lo que hacemos ni decimos. A veces no sabemos hacia dónde vamos y necesitamos a alguien que nos tienda una mano fuerte, segura que nos diga por dónde ir e incluso qué decisiones tomar.
Entre esas cosas que tenemos que hacer y no hacemos o que tenemos que decir y no decimos están dos palabras.
Una de ellas son ocho letras preciosas que conforman un sentimiento que muchos de nosotros lleva dentro pero que no verbalizamos. Hablo del "Te Quiero".

Una persona que para mí es un pilar fundamental en mi vida y de la que hablé en una entrada anterior me enseñó la importancia de decir Te Quiero a las personas que te hacen sentir así.
Ya no es tanto a tu pareja, con la que haces un contrato no hablado que hace pensar que si no dices esa frase es porque ya no la quieres. Es el Te Quiero de nacimiento, un Te Quiero que significa "Gracias por enseñarme a vivir, gracias por darme luz y gracias por quererme de manera altruista."
Esto podemos traducirlo en muchas personas: tu madre, tu padre, hermanos, abuelos, tu mejor amig@. Todos tienen (tenemos) el derecho a un Te Quiero escuchado, un Te Quiero en 3D, un Te Quiero táctil incluso, acompañado de un abrazo.

Para decir Te Quiero no hay que estar en una lista de espera en donde hay posibilidad de llegar tarde. Cualquier momento es bien recibido. Un Te Quiero, jamás es absurdo.

Otra de las dos cosas que mencionaba al principio también la forman casualmente dos palabras y ocho letras. Una expresión igual de bella que la anterior: "Lo Siento"

Reconocer que uno se ha equivocado y que ha hecho o dicho algo que no era lo correcto produce una satisfacción interior impresionante. Y no hablo de decir Lo Siento por cosas baladíes. Está claro que no vamos a ir pidiendo perdón por simplezas porque de esa forma estaríamos pidiendo perdón las 24 horas del día.

Hablo del perdón de verdad.
Hace unas semanas tuve la suerte de experimentar esa sensación de la que hablaba antes. Experimenté esa satisfacción que produce no sólo el dar el paso de decir Lo Siento, sino más satisfacción da el saber que uno está perdonado.

La foto que acompaña esta entrada expresa precisamente las dos cosas. Porque tanto un Te Quiero como un Lo Siento pueden ir acompañados de un abrazo que no hace otra cosa que reforzar ese sentimiento que tanto nos cuesta exteriorizar pero que es muy importante para darle más sentido a nuestras relaciones personales.