Es domingo. Llega una nueva semana y antes de dormir y acompañado de la música de Yann Tiersen me preparo para una nueva aventura que mi mente me tiene preparada. No sé qué me traerá esta noche: ¿volaré de nuevo?¿me perseguirán e intentaré huir pero mis pies se volverán pesados?¿volveré a caerme por el mismo precipicio?
Los sueños. Esas historias que nuestro cerebro, en un alarde de querer ser travieso, nos llevan a mundos ficticios que luego recordaremos, o no.
También llamamos sueños a esas cosas que queremos hacer o conseguir y que aveces resultan tan difíciles de alcanzar y palpar como los sueños de nuestra mente.
Hay un sueño que me tiene despierto. Anhelo soñar cada noche con eso pero ni siquiera mi mente me deja conseguirlo. Ni es real, ni es ficticio.
Por eso lucho cada día por conseguirlo. Es algo que no puedo controlar. El hecho de que llegue a ser realidad, ni siquiera el hecho de que sea ficticio, no depende de mí. Por eso siento impotencia, siento impaciencia.
Estar allí me llena. Pensar en dedicar mi vida allí da más sentido a mi vida, más de lo que ya la tiene. Pero tengo que esperar...y esperar...y esperar.. Esto no es un restaurante de comida rápida. Este restaurante es de calidad. Es de los que estás y no quieres irte y si te vas siempre quieres volver.
Así que esta noche le pediré a la fábrica de sueños que al menos me dé el gusto de que, sólo por hoy, me traiga esas imágenes. Sé que será algo ficticio, pero algo es algo. Y mientras llega la realidad, esperaré.
"Ya no quiero palabras, quiero hechos. Ya no busco sueños, necesito realidades"


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