martes, 24 de abril de 2012

La lucha por vivir

La semana pasada me volvía a dar ese maldito dolor de espalda que me tiene continuamente amenazado desde hace meses.
Es una pequeña batalla que tengo entre ese dolor y mi reciente pasión por hacer deporte.


La natación (entre otras actividades) me está ayudando en tres cosas: a aplacar las molestias, a mejorar mi cuerpo y mi mente, y a algo que hasta que no lo haces no lo valoras. Me refiero al afán de superación. Al "querer es poder".


En uno de los ejercicios que hacemos en la clase de natación terapéutica nos hacen sentarnos en una pequeña tabla de corcho y con las piernas flexionadas y sin moverlas, hemos de nadar solamente ayudándonos de los brazos. Es duro. Al menos ahora que llevo sólo dos clases.


El domingo no hubo clase así que quise ir por mi cuenta y repetir los mismos ejercicios. Y me encontré con una conocida, Tere.
Tere, de unos 30 años quedó en silla de ruedas hace unos años en un accidente de moto. Fue una de esas coincidencias fortuitas el que unos días antes me acordara de gente como ella mientras luchaba con el agua para llegar a mi meta. 
Y ese domingo, mientras volvía a hacer ese ejercicio maldito giré mi cabeza hacia el jacuzzi y estaba allí. 
A Tere le gusta el jacuzzi porque las burbujas le mueven todo el cuerpo y eso le hace sentirse mejor.


Cuando nado moviendo solo los brazos me acuerdo de ella, me acuerdo de otro chico, Antonio Polo, que tiene las piernas amputadas y con el que estuve en una piscina municipal hace dos veranos y nadaba como un auténtico profesional y me acuerdo de otras tantas personas que luchan cada día por vivir. Su lucha no es con el agua de una piscina; su lucha es con la vida.
A ellos va dedicado mi texto de hoy.


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