Hace
unos días leí en un diario digital que RTVE volverá a emitir
corridas de toros. RTVE, la televisión de todos.
Casi un año después de que la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación RTVE rechazara una proposición no de Ley del PP en la que éste pedía a TVE la emisión de al menos 10 corridas de toros cada temporada (los votos de PSOE y CiU bastaron), el resultado de la elecciones del 20-N da un giro de 180 grados a la situación.
El debate de la tortura y posterior matanza de toros en la llamada "Fiesta Nacional", nombre que me parece en sus dos términos paradójico, ha estado y está en boca de muchos defensores y detractores . Y digo que llamar "Fiesta Nacional" a estos eventos me parece paradójico en su denominación porque opino que, según una de las acepciones en la RAE para la palabra "fiesta", ésta ni recrea ni mucho menos produce diversión o regocijo. Sí lo hace al bolsillo del matador y sus secuaces.
Tampoco
es "Nacional", porque son muchos los españoles que no se
sienten identificados con estos "shows".
Cuando
leo o escucho las diferentes defensas que se hacen de las corridas de
toros me da por pensar que lo del hombre-mono tiene algo de cierto en
algunas personas.
Razonamientos
como: "esta es una fiesta que ha existido desde
siempre", "los toros son algo muy español" me
ponen los vellos de punta. ¿Cuándo vamos a hablar con propiedad y
argumentar con razones de peso en este país de guirnaldas, pitos y
matasuegras?
Una
de las reflexiones que más he escuchado ha sido la de que "las
corridas de toros han sido y son una tradición española" y
punto. Este tipo de pensamiento me hace recordar algunos temas de los
que esas mismas personas que opinan así, también se indignan.
Uno de ellos es el de la ablación. En países como Nairobi se practica
esta "tradición" que consiste en la mutilación genital
femenina.
Para
nada estoy comparando una cosa con la otra. Estamos hablando
de personas. Pero es su tradición. ¿Quiere decir
eso que debemos dejar de luchar para erradicar esta práctica?
El
circo del toreo, con todos mis respetos al mundo del circo, se ha
convertido en una atracción apoyada en su mayoría por señores y niñatos pijos con polos Lacoste de color rosa echados sobre sus hombros,
toneladas de gomina en su pelo repeinado hacia atrás y pulseritas
con la bandera española. Una vez más se estereotipa algo a un grupo
determinado de gente.
Uno
de estos pijos repeinados es Juan José Padilla, que además acaba de
salir de una operación compleja en la que se ha procurado que
recupere la movilidad de su cara. Este señor dice entre lágrimas
que quiere volver a vestirse de torero, que quiere volver a matar.
Pero
es un héroe. Es un héroe de la sociedad, que ha sobrevivido a la
venganza de un pobre animal encerrado en un ruedo. Un animal que
intentaba defenderse de un ataque que no conseguía explicarse. La
mano humana que antes le daba de comer, ahora lo quiere matar, sin
razón.
Me
quedaré con la gente que sigue luchando por el derecho de vivir del
toro. Me quedo con los que saben que por mucho que nos cuenten, esto
no es un arte. No es fiesta, ni mucho menos nacional. Y me quedo con la poesía hecha copla del maestro
Martinez Ares que en 1994 escribió al toro en el concurso de
Carnaval de Cádiz.
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